Suena a locura, ¿verdad? Probablemente arrugaste la cara al leer el título. Pero la ciencia no miente, y tu paladar te lo va a agradecer.

Añadir una pizca minúscula de sal (cloruro de sodio) a tu taza de café no lo dejará salado. Lo que hace es neutralizar los receptores de amargura en tu lengua de una forma mucho más efectiva que el azúcar.

La ciencia detrás del truco

Los iones de sodio suprimen la amargura y, como resultado, permiten que los sabores dulces y aromáticos naturales del grano brillen. Es el mismo principio que usas al ponerle sal al chocolate o al caramelo.

  • Si tu café se quemó un poco... ¡Sal!
  • Si compraste una marca económica y sabe muy fuerte... ¡Sal!
  • Si quieres dejar el azúcar por salud... ¡Sal!

La prueba: Prepará dos tazas. A una no le pongas nada, y a la otra agrégale apenas unos granitos de sal fina. Pruébalas. La diferencia te volará la cabeza.